Mucho antes de que Ibiza se convirtiera en sinónimo internacional de música electrónica, grandes discotecas y turismo de lujo, la isla ya atraía a otro tipo de viajeros. Pintores, arquitectos, escritores e intelectuales llegaban buscando algo que empezaba a escasear en las grandes ciudades europeas: tiempo, aislamiento, una vida relativamente barata y un paisaje que parecía estar muy lejos de los centros establecidos de cultura.
De aquel ambiente nació en 1959 el Grupo Ibiza 59, formado inicialmente por nueve artistas residentes en la isla: Erwin Broner, Erwin Bechtold, Hans Laabs, Katja Meirowsky, Robert “Bob” Munford, Egon Neubauer, Antonio Ruiz, Bertil Sjöberg y Heinz Trökes. Más adelante se relacionarían con el grupo otros nombres, entre ellos Carlos Sansegundo, Bob Thompson y Pierre Haubensak.




Arriba (de izq. a drcha.): Erwin Broner, Erwin Bechtold, Hans Laabs, Katja Meirowsky y Antonio Ruiz. Foto: Julio Herranz. / Fila debajo (de izq. a drcha.): Katja Meirowski, Bob Munford, Heinz Trökes.
El nombre puede llevar a engaño. Ibiza 59 no fue una escuela artística con unas reglas determinadas ni produjo un estilo que pueda reconocerse inmediatamente de un cuadro a otro. Tampoco hubo un manifiesto que indicara cómo debía interpretarse el arte. Sus miembros procedían de países diferentes y seguían caminos artísticos propios.
Sí compartían, sin embargo, un terreno común: la abstracción y el interés por experimentar con la forma, la materia y la textura, aunque cada uno lo hiciera desde un lenguaje muy distinto. Lo que también los unía era algo práctico: la necesidad de crear un lugar donde el arte contemporáneo pudiera mostrarse, discutirse y conectarse, tanto en en Ibiza y como con el exterior. En una isla sin museo de arte contemporáneo y con muy pocas estructuras dedicadas a la vanguardia, el grupo creó exposiciones, contactos, carteles, invitaciones y una pequeña red cultural e internacional. Su verdadera obra colectiva fue, en cierto modo, esa red.
Una Ibiza todavía lejos del turismo de masas
El Grupo Ibiza 59 apareció en un momento peculiar de la historia española. En 1959 España seguía bajo la dictadura de Francisco Franco, aunque su aislamiento internacional comenzaba lentamente a disminuir. Al mismo tiempo, el arte abstracto español estaba obteniendo reconocimiento fuera del país. Artistas como Antoni Tàpies, Antonio Saura, Manolo Millares o Eduardo Chillida empezaban a circular por exposiciones internacionales.
Sin embargo, Ibiza se encontraba todavía más lejos de los centros políticos y culturales del país. La transformación turística había comenzado, pero la isla seguía siendo relativamente pobre y su vida cotidiana tenía poco que ver con la Ibiza que se desarrollaría durante las décadas siguientes. Precisamente esas condiciones —aislamiento, precios modestos y una sociedad pequeña— resultaron atractivas para numerosos extranjeros.
Algunos artistas habían llegado incluso antes de la Guerra Civil, como fueron los casos del escritor Walter Benjamin o el dadaísta Raoul Hausmann. Después de la Segunda Guerra Mundial comenzó otra oleada. Para muchos europeos, Ibiza ofrecía no solo un paisaje mediterráneo, sino también cierta distancia respecto a un continente que acababa de pasar por décadas de guerras, dictaduras y destrucción. Ese mismo atractivo —una vida barata, cierta libertad y la sensación de encontrarse al margen de Europa— volvería a hacerse visible poco después con la llegada de los beatniks a Ibiza.
Y, sorprendentemente, ya había un público interesado. En el verano de 1957, dos años antes de la fundación de Ibiza 59, la Sala Tanit recibió 5.530 visitantes entre julio y septiembre. En ella expusieron 58 artistas con un total de 614 obras, de las cuales aproximadamente una tercera parte llegó a venderse. Para una isla pequeña, todavía al principio de su desarrollo turístico, las cifras revelan un ambiente cultural considerablemente más activo de lo que podría imaginarse hoy en día.
El Corsario: el punto de partida en Dalt Vila
El centro de aquella pequeña escena artística fue El Corsario, un hotel-restaurante situado en Dalt Vila que se convirtió también en espacio expositivo. La galería, inaugurada en los años cincuenta, reunió desde temprano a artistas extranjeros y locales y acabaría siendo uno de los lugares clave de la vida cultural de la Ibiza de aquella época.


Izq.: extracto postal de Dalt Vila (1959) / Drcha.: antigua fotografía de El Corsario
En 1958, Emil Schillinger, entonces al frente de El Corsario, propuso a Erwin Bechtold organizar allí exposiciones de arte contemporáneo. Pero Bechtold no quería ejercer de director de galería ni encontrarse en la posición de decidir qué compañeros merecían exponer y cuáles no.
La solución entonces fue crear una asociación de artistas que se reconocieran mutuamente y compartieran el espacio.
Cuando Erwin Broner regresó definitivamente a Ibiza en 1959, el proyecto tomó forma. Broner redactó el documento fundacional y se convirtió en uno de los principales motores del colectivo, aunque su funcionamiento pretendía ser horizontal: cada artista mantenía su independencia y al mismo tiempo colaboraba en la organización de las exposiciones.
Aquello tenía algo de empresa artesanal. Antonio Ruiz se ocupaba de buena parte del funcionamiento de la galería; Munford y Bechtold diseñaban materiales gráficos; Laabs colaboraba en el montaje; Broner, siendo arquitecto a la vez de pintor, adaptó el espacio. Además, El Corsario no solo exponía a los integrantes del grupo: por allí circularon también obras y artistas invitados de otros lugares.
En una ciudad sin una infraestructura artística consolidada, imprimir una invitación, montar correctamente una exposición o conseguir que un artista extranjero enviara sus obras a Ibiza tenía su mérito e importancia.
Nueve artistas, nueve maneras de entender el arte moderno
La mejor forma de comprender Ibiza 59 es mirar a sus miembros por separado. En parte, sus diferencias explican mejor al grupo que cualquier intento de encontrar un estilo común.
Erwin Broner
Erwin Broner fue probablemente su gran figura vertebradora. Pintor y arquitecto alemán de origen judío, había abandonado Alemania tras la llegada del nazismo al poder y conoció Ibiza por primera vez en 1933. Durante aquella estancia quedó fascinado por las casas campesinas de la isla: edificios aparentemente sencillos, construidos según necesidades prácticas, clima y materiales disponibles.


Obras de Broner: Izq.: Casa Marcet (1968) / Drcha.: «Sin título» (1962) – Tinta china y collage sobre papel.
Broner se había formado dentro del ambiente de la arquitectura moderna alemana y sus planteamientos estaban próximos a la Bauhaus, al racionalismo y posteriormente a Le Corbusier. En Ibiza descubrió que la arquitectura rural había llegado, por un camino completamente distinto, a algunas soluciones que los arquitectos modernos estaban buscando conscientemente: sencillez, funcionalidad y ausencia de ornamentación innecesaria. Esa conversación entre modernidad internacional y tradición ibicenca definiría buena parte de su arquitectura. Su propia Casa Broner, construida en el barrio Sa Penya en 1960, sigue siendo uno de los mejores ejemplos.
Como pintor, sin embargo, podía ser mucho menos racional. Trabajaba con abstracción, collage, tinta y materiales diversos, con una libertad cercana al expresionismo abstracto europeo.
Erwin Bechtold
Erwin Bechtold llegó a Ibiza por primera vez en 1954 después de haber pasado por París y Barcelona. Se había formado como impresor y tipógrafo, una experiencia que dejó huella en su sensibilidad por la composición y que también le permitió desarrollar una larga carrera como diseñador gráfico.


Obras de Bechtold: Izq.: «Sin título» (1962). Técnica mixta sobre papel / Drcha.: «Barcelona» (1984). Litografía en color sobre papel.
Su pintura de aquellos años estaba próxima al informalismo: superficies matéricas, manchas, formas orgánicas y gestos libres. Con el tiempo evolucionó hacia un lenguaje mucho más geométrico y controlado, en el que investigó cuestiones aparentemente sencillas —el borde de una superficie, un ángulo, un plano interrumpido— hasta convertirlas en el centro de su obra. La trayectoria de Bechtold resume muy bien la libertad del Grupo Ibiza 59: ni siquiera sus propios miembros conservaron durante toda su carrera el lenguaje artístico con el que habían entrado en él.
Katja Meirowsky
La biografía de Katja Meirowsky es quizá la más extraordinaria del grupo. Nacida en 1920, estudió arte en Berlín y durante el nazismo estuvo relacionada con círculos de resistencia. Durante un periodo tuvo que vivir en la clandestinidad. Tras la guerra participó en la creación de Die Badewanne, un experimental cabaret de artistas en el Berlín destruido de posguerra. A comienzos de la década de 1950 se instaló en Ibiza, donde viviría durante casi medio siglo, hasta regresar a Alemania alrededor del año 2000.


Obras de Meirowsky: Izq.: «Pause» (1947). Óleo sobre cartón. / Drcha.: «Bühnenbild» (1957). Gouache sobre papel.
Su pintura resulta difícil de encerrar dentro de una sola etiqueta. Trabajó con abstracción, geometría, collage y formas que parecen oscilar entre paisajes, escenarios y estructuras imaginarias. En algunas obras queda una referencia reconocible a la naturaleza; en otras, el espacio parece haberse convertido en una construcción mental. Su formación y su interés por la escenografía también aparecen en composiciones que recuerdan escenarios, cortinas o espacios teatrales.
Hans Laabs
El alemán Hans Laabs había llegado a Ibiza a comienzos de los años cincuenta y durante décadas repartió su vida entre Berlín y la isla. Su pintura se movía libremente entre figuración y abstracción: figuras, interiores, naturalezas muertas o escenas marinas podían simplificarse hasta quedar convertidas casi únicamente en color y forma.


Obras de Laabs: Izq.: «Komposition in Schwarz und Gelb» (1961). Óleo sobre lienzo de grano grueso. / Drcha.: «Sin título» (1978). Acrílico.
A diferencia de otros artistas de posguerra que abrazaron una abstracción mucho más severa, en Laabs hay a menudo ligereza y una utilización muy personal del color. Él mismo reconocía la influencia que sus largas estancias mediterráneas habían tenido sobre su percepción cromática. Como describía, Ibiza entró físicamente en su pintura.
Robert “Bob” Munford
El estadounidense Bob Munford aportaba una sensibilidad diferente. Había llegado a las Pitiusas a mediados de los años cincuenta después de formarse en Estados Unidos y pasó de una pintura cercana al expresionismo abstracto hacia imágenes cada vez más gráficas.


Obras de Munford: Izq.: «Number 5» (1960). Gouache y tinta sobre papel. / Drcha.: «Portrait of Walker» (1971). Técnica mixta.
En sus obras comenzaron a aparecer números, escritura, siluetas, diagramas, fotografías y formas repetidas. Ese vocabulario lo acercó tempranamente a algo que poco después sería identificado con el Pop Art. Mientras muchos de sus compañeros seguían conectados principalmente con las vanguardias europeas, Munford introducía indirectamente otra conversación artística: la que estaba desarrollándose al otro lado del Atlántico.
Heinz Trökes
Heinz Trökes era ya un artista con una importante experiencia internacional cuando llegó a Ibiza. Había estudiado con Johannes Itten —una de las figuras fundamentales vinculadas a la Bauhaus— y su carrera había sido obstaculizada durante el nazismo. Tras la guerra se convirtió en una figura activa de la abstracción alemana.


Obras de Heinz Trökes: Izq.: «Am Mars» (1948). Óleo sobre lienzo. / Drcha.: «Rebus» (1970). Serigrafía en color sobre papel.
Sus pinturas combinaban abstracción con elementos que podían recordar mapas, signos, organismos o paisajes imaginarios. No eran descripciones del mundo visible, pero tampoco una geometría fría: parecían mostrar territorios que solo existían dentro del propio cuadro.
Trökes se instaló en Ibiza a comienzos de los años cincuenta y aportó al grupo conexiones con una generación europea de artistas que había vivido directamente la ruptura cultural provocada por el nazismo y la guerra.
Egon Neubauer
Egon Neubauer, nacido en Magdeburgo en 1920, había estudiado con el pintor Bernhard Dörries y obtuvo ya en 1949 uno de los primeros premios artísticos concedidos por la ciudad de Hannover tras la guerra. Trabajó no solo como pintor, sino también en obra gráfica, textiles y escultura.


Obras de Neubauer: Izq.: «Abstract Composition» (1960). Obra gráfica sobre papel. / Drcha.: «Woman with Blue Scarf» (s.f.). Óleo sobre lienzo.
Se trasladó temporalmente a Ibiza en 1954 y se integró después en Ibiza 59. Su presencia permite recordar hasta qué punto aquella comunidad artística estaba conectada con la reconstrucción cultural alemana de posguerra: varios de sus miembros habían atravesado personalmente el nazismo, la guerra, el exilio o la destrucción de sus ciudades antes de encontrarse en una isla mediterránea.
Antonio Ruiz
Antonio Ruiz era el ceramista del núcleo fundador y uno de los pocos españoles del grupo. Nacido en Soria, había estudiado en Madrid y se había formado en la Escuela Nacional de Cerámica antes de instalarse en Ibiza.

Antonio Ruiz (drcha.) junto a varias de sus cerámicas.
Su importancia no se limitaba a su propia obra. Ruiz fue uno de esos personajes capaces de hacer que una escena cultural funcionara: dirigió la galería de El Corsario y participó activamente en la organización de exposiciones y encuentros. La cerámica introducía además una dimensión distinta dentro de un colectivo dominado por pintores: el interés por la abstracción, la materia y la forma no tenía por qué terminar en la superficie de un lienzo.
Bertil Sjöberg
El sueco Bertil Sjöberg completaba aquel núcleo extraordinariamente internacional. Formado entre Escandinavia y otros centros europeos, había conocido tempranamente la pintura francesa moderna y mantuvo una relación prolongada con el Mediterráneo.


Obras de Sjöberg: Izq.: «Stilleben» (1949). Óleo sobre lienzo. / Drcha.: «Metamorfose» (1984). Técnica mixta.
Su obra incluía pintura y dibujo, con especial interés por la tinta y la aguada. En trabajos posteriores, como su Serie Tanit, la abstracción se mezcla con referencias que parecen remitir a formas, símbolos y asociaciones con la propia isla. En él, como en varios compañeros, Ibiza no aparece necesariamente como un paisaje pintado de manera literal, sino como un territorio que lentamente se transforma en lenguaje visual.
Vistos uno detrás de otro, resulta difícil imaginar que estos nueve artistas pudieran haber firmado un manifiesto común. Broner abordaba la abstracción con una sensibilidad también marcada por la arquitectura; Bechtold pasó de superficies matéricas a composiciones cada vez más geométricas; Meirowsky se movía entre estructuras abstractas y espacios casi oníricos. Munford empezaba a incorporar signos y elementos próximos al Pop, mientras Trökes trabajaba con formas que recuerdan mapas o paisajes imaginarios. Laabs alternaba figuración y abstracción, y Ruiz trasladaba esa misma voluntad experimental a la cerámica.
Existía un interés compartido por la abstracción, la experimentación, las formas y las texturas, pero no una receta específica.
De Dalt Vila a Europa
Las exposiciones de El Corsario se convirtieron pronto en acontecimientos sociales dentro del reducido mundo cultural de la isla. No siempre se vendía mucho, pero la galería servía para encontrarse, discutir, conocer artistas y poner en circulación obras que de otro modo difícilmente habrían llegado hasta Ibiza. Además de los propios miembros del grupo, pasaron por sus exposiciones artistas invitados como Juan Genovés, Manuel Hernández Mompó, Eusebio Sempere, Hans Hartung, Joan Miró o Vieira da Silva. El intercambio, por tanto, funcionaba en las dos direcciones: Ibiza recibía artistas y obras del exterior, mientras sus propios residentes empezaban a hacerse visibles fuera de la isla.
El primer salto importante del grupo llegó en 1961, apenas dos años después de su fundación, con una exposición en la Haus am Waldsee de Berlín Occidental. La muestra se celebró del 18 de marzo al 16 de abril y contó incluso con un catálogo propio. Para un colectivo nacido alrededor de una pequeña galería de Dalt Vila, aquello suponía presentarse como grupo ante el público de una de las ciudades con mayor tradición artística de Europa.
Londres llegó tres años después. En octubre de 1964, la exposición Inspiration Ibiza, organizada por la Galería Ivan Spence en las Leicester Galleries, reunió a miembros de Ibiza 59 junto a otros artistas extranjeros que vivían en la isla. El título resulta revelador: para entonces, lo que comenzaba a interesar fuera ya no eran únicamente unos cuantos pintores concretos, sino Ibiza como lugar de creación. La isla empezaba a adquirir una identidad artística propia en el exterior, precisamente cuando Ibiza 59 llegaba al final de su recorrido como colectivo.
Grupo Puget: otra manera de ver Ibiza
La actividad de Ibiza 59 no significó que los artistas locales abandonaran sus propias tradiciones. En 1962 nació el Grupo Puget, formado por cuatro pintores ibicencos: Vicent Calbet, Vicent Ferrer Guasch, Antoni Pomar y Antoni Marí Ribas “Portmany”.

Estampa de Sa Penya (1960s), por Vicent Ferrer Guasch. Óleo sobre tela.
Su nombre homenajeaba a Narcís Puget Viñas, considerado una figura pionera de la pintura moderna ibicenca. Frente al carácter mayoritariamente extranjero y abstracto de Ibiza 59, los integrantes del Grupo Puget partían de una tradición figurativa mucho más vinculada al paisaje, la luz, las personas y la vida cotidiana de la isla. Su pintura tenía raíces impresionistas y un interés explícito por lo ibicenco.
Por ello se ha interpretado en ocasiones como una respuesta local al predominio de los artistas extranjeros y abstractos. La realidad parece haber sido menos conflictiva. Las diferencias artísticas eran evidentes, pero existían buenas relaciones personales entre ambos círculos. De hecho, el Grupo Puget fue invitado a exponer en El Corsario.
El contraste entre ambos grupos resulta interesante porque muestra dos maneras simultáneas de enfrentarse a la misma isla. Para unos, Ibiza era el lugar desde el cual participar en las nuevas corrientes internacionales; para otros, era precisamente su paisaje, sus habitantes y sus formas de vida lo que merecía seguir siendo representado.
Lo que quedó después de 1964
Grupo Ibiza 59 dejó de funcionar como colectivo en 1964. Una de las razones que se han señalado es bastante sencilla: la sociedad ibicenca de entonces podía interesarse por aquel arte, pero difícilmente podía comprar al ritmo de exposiciones que el grupo era capaz de organizar. Sus miembros siguieron trabajando por separado y muchos mantuvieron su relación con la isla.
Para entonces, sin embargo, el panorama artístico de Ibiza ya había cambiado. La abstracción y las nuevas corrientes europeas habían dejado de ser algo casi desconocido, y artistas ibicencos como Rafael Tur Costa mantenían contacto con aquel ambiente y desarrollaban sus propias investigaciones dentro del arte moderno.
El año 1964 resulta significativo porque, al mismo tiempo que desaparecía Ibiza 59, se celebró la primera Bienal de Ibiza. No hay indicios suficientes para presentar la Bienal como una continuación directa del grupo, pero cuesta considerar ambas cosas como historias completamente separadas. Durante los años anteriores, Ibiza 59, El Corsario y otras galerías habían creado exposiciones, contactos internacionales y un público acostumbrado a encontrarse con arte contemporáneo en la isla. La Bienal llevó parte de esa actividad a una escala institucional.
De hecho, aquel mismo año empezó a tomar forma la idea de crear un museo de arte contemporáneo. Las obras premiadas en la Bienal debían constituir parte de sus primeros fondos y, en 1969, abrió finalmente el Museu d’Art Contemporani d’Eivissa (MACE). Fue uno de los primeros museos españoles dedicados específicamente al arte contemporáneo.
En apenas una década se había pasado de una escena sostenida en buena medida por artistas, pequeñas galerías y relaciones personales a contar con una bienal internacional y un museo público. Grupo Ibiza 59 no hizo ese recorrido por sí solo, pero había contribuido a crear el ambiente en el que pudo producirse.

Ibiza 59 también contribuyó a una imagen de la isla que iba más allá de sus playas. Antes de convertirse en destino hippie, centro internacional de la música electrónica o mercado inmobiliario de lujo, Ibiza ya circulaba entre ciertos ambientes europeos como un lugar donde artistas, arquitectos y escritores podían instalarse, trabajar y encontrarse con personas llegadas de otros países. Ese patrón se repetiría durante las décadas siguientes.
Durante cinco años, los miembros de Grupo Ibiza 59 ayudaron a demostrar que una isla todavía pequeña, pobre y alejada de los grandes centros artísticos podía formar parte de las corrientes culturales de su tiempo. Su legado quedó menos en un estilo común que en el espacio que contribuyeron a abrir para quienes llegaron después.
Referencias:
Fundación DOCOMOMO Ibérico / Erwin Broner: “Erwin Broner” (s. f.), by Fundación DOCOMOMO Ibérico.
Museu d’Art Contemporani d’Eivissa (MACE) / colección Grupo Ibiza 59: “El Museu d’Art Contemporani d’Eivissa reordena la colección de obras del Grupo Ibiza 59” (2021), by MACE / Ajuntament d’Eivissa.
Haus am Waldsee / archivo de exposiciones: “Exhibition chronicles” (1961), by Haus am Waldsee — registro de la exposición group ibiza 59, celebrada del 18 de marzo al 16 de abril de 1961.
Es Baluard Museu / Katja Meirowsky: “Katja Meirowsky. La acción roja y la membrana” (2024), curated by Bartomeu Marí and Imma Prieto.
Dialnet / arte y turismo en Ibiza: “Arte de vanguardia en la Ibiza turística” (2016), by José Ramón Cardona and María Isabel Ramón Cardona.