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finca-garden-morna-romero-lavanda-1El jardín ibicenco (II). Modelos de adaptación

El jardín ibicenco (II). Modelos de adaptación

En las últimas dos décadas en Ibiza se ha producido gradualmente una tendencia hacia el diseño de jardines con plantas autóctonas o del Mediterráneo. Una tendencia que ha ido acompañada en paralelo con la moda entre nuevos proyectos de interpretaciones modernas de la arquitectura original de la finca ibicenca, cómo se observa en el popular estilo Blakstad. Muchos de los árboles nativos de Ibiza tienen una importancia simbólica, así como con fines decorativos. Igual que ocurre con la arquitectura vernácula, en lo que se refiere a la construcción, los jardines autóctonos también tienen características que se convierten en ventajas importantes:

Adaptación al medio: menor necesidad de riego, cuidados intensivos, fertilizantes o productos químicos y más poder de recuperación por eventuales contratiempos y plagas. Las plantas mediterráneas toleran bien la sequía y soportan los descuidos.

Economía de recursos y ahorro energético: como gasto de agua, electricidad y otros recursos operativos, así como costes de servicios de jardinería y mantenimiento.

Sostenibilidad: de nuevo el menor gasto de agua dulce, un recurso cada vez más escaso en la isla, y se evita el impacto de especies invasoras y se fomenta la biodiversidad de flora y fauna autóctona, apoyando los hábitats naturales, la salud del suelo y la longevidad de especies locales.

Resistencia: el clima mediterráneo a veces puede ser abrupto y brusco; pueden ocurrir precipitaciones torrenciales en época de lluvias, sequías prolongadas en primavera o verano, causando el aumento del grado de salinidad del agua de red. Son puntos a tener en cuenta ya que pueden dañar en particular a las especies menos adaptadas al medio.

Reproducción: las plantas autóctonas se reproducen con más facilidad en un medio nativo, por lo que en jardines mediterráneos maduros es habitual que nuevos ejemplares de las plantas existentes aparezcan con más frecuencia.

Floración continuada: al ser el clima muy soleado, hace posible tener un jardín diseñado para que esté florido en todas las estaciones del año, siendo algunas plantas (como la Buganvilla, en floración prácticamente 10 meses).

Amplia variedad: el clima isleño de Ibiza, aunque sea considerado semiárido, es relativamente suave y ofrece una mayor variedad con múltiples posibilidades de color, textura y forma. Las diferentes combinaciones que ofrece se adaptan a multitud de diseños.

© Kelosa | Ibiza Selected Properties

Desde hace unas dos décadas, entre multitud propietarios de diferentes nacionalidades se experimenta un cambio de gustos en el tipo de jardines que rodean sus casas. Los jardines tropicales repletos de palmeras, mares de flores tropicales y grandes extensiones de césped, tan populares en los años 80 y 90, están dando paso a la sencillez de los orígenes y una disposición de carácter más silvestre y permacultivo – es decir, basado en el principio de «trabajar con la naturaleza», no contra ella.

Un ejemplo significativo de esta tendencia es el aumento disponer de jardínes silvestres. Se trata de dejar una parte del jardín totalmente o parcialmente asilvestrado, es decir, sin ningún tipo de cuidado ni intervención humana más que un arado de la tierra inicial o, en raras ocasiones, una intervención por plaga o enfermedad. El resultado es lo que ofrece el campo ibicenco por defecto, una gran variedad de flores de todos los colores, tipos y formas.

© Kelosa | Ibiza Selected Properties

Para dar más esplendor al jardín silvestre, existe una variedad de semillas de bellas flores de prado que se pueden esparcir por las parcelas. Estas especies pueden convivir en pequeños espacios y cada una aparecerá en su respectiva temporada. Sin embargo, en este caso la técnica del cuidado es más sofisticada y reside en quitar cuidadosamente las malas hierbas entre las plantas para que todo se desarrolle, florezca y vuelva a salir al año siguiente. Este proceso requiere cierta experiencia en jardinería y sobre todo ser diligente. Por el resto, las semillas están bien adaptadas a la meteorología y el suelo de la isla, por lo tanto no precisan de cuidados especiales o abonos y se reproducen sin demasiado esfuerzo.

En definitiva, el jardín mediterráneo recrea una sensación relajante, a través de sus plantas y flores de colores suaves con aromas inconfundibles. Por ejemplo, con la presencia de la lavanda, el romero y la jara se consigue un jardín frondoso, aromático y con mínimos cuidados. Un buen método es combinar diferentes plantas que florecen en diferentes épocas del año. Otras plantas, como las buganvillas o los hibiscos florecen durante prácticamente todo el año. Los olivos y los limoneros, a la vez de estar entre los árboles mejor adaptados al clima de Ibiza, dan un carácter elegante al jardín y una gran cantidad de frutos. Para crear un ambiente recogido, existen plantas trepadoras como viñas o enredaderas en enrejados verticales de aspecto rústico, aprovechando al máximo el espacio disponible, especialmente para jardines más pequeños.

© Kelosa | Ibiza Selected Properties

Hay dos tipos de jardines en Ibiza que entran en una categoría especial y necesitan un enfoque algo diferente. Los jardines junto al mar y los jardines de agua salina.

Jardines junto al mar.

En una isla relativamente pequeña, con una superficie de 572km², la influencia del mar se extiende hasta tierra adentro. Existen, por ejemplo, fuertes temporales que azotan la isla en invierno, dejando doblegados árboles en dirección contraria al viento como testigos de su intensidad. Es importante saber que estos temporales no se detienen ante los límites humanos, por lo tanto hay que tenerlos en cuenta para estar preparados ante las adversidades que suelen sufrir estos jardines.

El viento fuerte de la costa ibicenca puede abatir a las plantas más jóvenes, tronchando ramas de árboles y arbustos. Sin embargo, el viento no es el mayor problema, sino el salitre resultante que se deposita a través del viento sobre el manto de tierra y, disuelto por lluvias o agua de riego, llega a dañar las raíces finas de muchas plantas. Estas raíces finas son las que absorben y transportan el agua, por lo que pocas plantas se pueden recuperar de esta saturación salina. Además, estas sales transportadas por el viento también se depositan en las hojas y las pueden quemar.

El paso más importante sería escoger plantas que toleran la sal, lo que también evita costes de mantenimiento desmesurados. Estas plantas suelen ser originales de hábitats costeros y otros medios con alta salinidad, como lo son los patanos salobres. Un jardín cerca del mar óptimo debería, además, contener en su mayoría plantas y arbustos densos, formando una estructura firme de plantas robustas y resistentes al viento. Por lo general, este tipo de vegetación es de altura baja y tiene pocas flores. Las flores deberían ser selectas, más como toques de color que por el acostumbrado protagonismo que suelen tener en jardínes.

Las palmeras, los pinos y los cipreses, con sus troncos flexibles y resistentes, son indicados para emplazamientos costeros ventosos. Los árboles caducifolios presentan menos superficie que los vientos puedan atacar, ya que pierden sus hojas a partir de otoño cuando comienza la temporada. Las plantas suculentas tienen reservas de agua y son candidatas ideales para jardines de bajo mantenimiento y tienen una mayor tolerancia a los vientos marinos. Todo tipo de cactus es ideales en este medio, ya Ibiza se considera semi-árido y en estas condiciones lo resisten prácticamente todo.

© Kelosa | Ibiza Selected Properties

El verano es la estación más benigna para los jardines junto al mar. A partir de otoño se ponen a prueba las plantas y como muy tarde durante el primer invierno de su vida se demuestra si una planta tiene la resistencia suficiente para resistir a los vientos salobres. Los vientos fuertes del invierno en Ibiza soplan en un 90% desde el noroeste, por lo tanto los jardines de la costa sur y sureste están en gran medida más protegidos, con la opción de plantar una mayor variedad de especies «sensibles».

Jardines de agua salina.

Las residencias de la parte de sur-suroeste de Ibiza tienen un agua de suministro que es de una salinidad más alta, sobre todo en verano cuando más gente usa el agua de la red. A algunas alturas del verano hay que comprar el agua embotellada para cocinar o hacer un simple café, pero usar ese agua potable para el jardín sería de un coste desmesurado.

Muchos tipos de plantas sufren la salinidad del agua de riego, por las mismas razones que comentamos anteriormente, pero en este caso afecta sobre todo durante el verano. El agua de riego salina, añadido a los vientos salobres puede provocar todavía más estragos a las plantas que no estén aclimatadas a estas condiciones. Lo que suele ocurrir en estos casos es que las plantas presentan un buen aspecto durante el invierno y la primavera, por las aguas de lluvia que diluyen la salinidad del suelo y el riego, pero al llegar el verano empiezan a perder sus hojas y flores, presentando un estado cada vez más enfermizo hasta que no hay vuelta atrás, ya que si sus raíces no toleran la salinidad del suelo la planta se muere.

«Mediterranean Garden» by HeatherW is licensed under CC BY-NC 2.0

Para evitar escenarios dramáticos como la muerte en masa de las plantas o una factura de agua exorbitante, existen dos soluciones posibles: una es la construcción de una cisterna de recolección de agua en época de lluvias (otoño y primavera), lo que implicaría una obra, procesos de licencia y tampoco está del todo claro en que medida solucionaría el problema; la segunda opción, es adaptarse a las circunstancias y colocar plantas que soportan tanto la salinidad como la sequía. En este caso se recomienda plantarlas entre octubre y abril, cuando la abundancia de lluvias y el clima más templado ayuda a las plantas jóvenes a adaptarse a su nuevo hábitat, acostumbrándose después gradualmente a la salinidad creciente, el fuerte sol y las sequías del verano. Para más información, aquí una lista rápida de plantas resistentes a la salinidad.

Otras medidas que se pueden tomar para revertir la alta salinidad:

  1. Labrar el suelo, aportando materia orgánica y arena, para aumentar la permeabilidad del suelo.
  2. Instalar tubos de drenaje para evacuar el agua en exceso cargada de sales.
  3. Riego abundante de agua dulce que inunden la tierra, para lavar la tierra.
  4. Elegir plantas resistentes en general y la salinidad en particular.
  5. No abusar de fertilizantes, ya que que salinizan el suelo.

A la larga el mar y la sal tienen la fuerza de doblegar a las mayores precauciones y los cuidados de los que se pueda disponer, por lo que rebajar las pretensiones en un jardín cobra sentido para evitar disgustos, sobre todo teniendo en cuenta la belleza de las vistas al mar por sí mismas.

Referencias:

About Index. Noahs Garden – Soulgarden for Earthlovers. Ibiza. [consultado 18 de agosto 2020]

Elías Bonells, José. Jardines junto al mar de influencia marítima (2017). Blog: Jardines sin fronteras. [consultado 20 de agosto 2020]

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jardin_ibicenco_black whiteEl jardín ibicenco (I). Una breve historia y guía botánica

El jardín ibicenco (I). Una breve historia y guía botánica

El jardín y la flora silvestre que hoy conocemos en la isla ha sido en gran parte el resultado de los múltiples pueblos que se establecieron en las Pitiusas a lo largo de la historia. Los barcos traían semillas y plantas de tierras lejanas que servían para el cultivo de esos pueblos. No todas las semillas germinaban por igual en el suelo arcilloso y calcáreo de la isla, ni prosperaron por igual esas plantas para sobrevivir el clima árido sin la ayuda de un sistema de riego efectivo. Tras varios siglos, algunas de esas plantas consiguieron aclimatarse mejor que otras y han sido incluidas en el catálogo de las plantas autóctonas, consideradas hoy endémicas de Ibiza y Formentera.

Entre la multitud de conquistadores que pasaron por Ibiza, destacan tres pueblos en particular porque tuvieron un mayor impacto en la introducción de nuevas especies y sistemas de cultivo:

1. Los fenicios (1200 a. C. – 200 a. C.) fueron los grandes mercaderes de su época. Fundaron una de sus colonias más importantes en Ibiza, lo que significó el comienzo de un asentamiento y el cultivo en la isla. Al tener bajo su control una red de comercio gigante por todo el Mediterráneo, introdujeron en la isla un gran número de nuevas especies para el cultivo y las técnicas apropiadas de sus múltiples interacciones con otras civilizaciones.

2. La conquista musulmana de Al-Andalus y el posterior Califato de Córdoba (900 d. C. – 1235 d. C.), significaron para Ibiza una nueva era de prosperidad y abundancia, dejando atrás dos siglos de oscuridad y el dominio intermitente de vándalos. Con la llegada de los árabes se introdujeron nuevas especies de plantas y árboles frutales, pero sobretodo conocimientos de cultivo modernos, como los bacales y los sistemas de riego más avanzados de su época.

3. Desde las colonias españolas de América Latina llegaron nuevos cultivos y a una serie de cactus, que se adaptaron perfectamente al medio insular y hoy día forman parte sustancial de la flora autóctona. Estas nuevas especies del Nuevo Continente se adaptaban con facilidad al clima y se adoptaron por la población local para servir una serie de propósitos.

A continuación, una resumida guía de los árboles y cactus más característicos del jardín ibicenco, con una breve descripción de sus orígenes y utilidades:

Algarrobo (Ceratonia siliqua) – Su cultivo se hizo extensivo en la época árabe, pero se desconoce si se trata de un árbol autóctono. Los frutos maduran en otoño adquiriendo un color marrón. La algarroba se empleaba normalmente como pienso para el ganado y se usaba para combatir catarros. Hoy día considerado un superalimento y también se emplea en la elaboración de medicamentos y cosméticos.

Los algarrobos daban alimento en las malas y sombra en las buenas, en especial durante la posguerra, cuando la hambruna generalizada obligaba a descolgar un fruto que apenas gozaba de consideración. Por eso todavía mantienen hoy un significado especial entre la población local.

Almendro (Prunus dulcis) – Asilvestrado hace 6.000 años, el almendro tuvo que estar entre los primeros cultivos porque era muy común en el mundo antiguo. Empezó a cultivarse en el Asía central y probablemente fue introducido a Ibiza por los fenicios.

El árbol se adaptó perfectamente al suelo ibicenco, calcáreo, seco y pedregoso, así como al clima templado, de inviernos suaves y con poco viento en el interior de la isla. Se adaptó tan bien en algunas zonas de Ibiza que incluso florece antes de tiempo en enero, produciendo ese bello fenómeno natural que se describe como la «nieve de Ibiza».

Cañaveral (Arundo donax) – La caña es un elemento cotidiano de la vida rural ibicenca, que llegó a la isla en el siglo XVI procedente del norte de India y Nepal. Los payeses las aprovechaban para múltiples usos: para las tomateras, techos de corrales, cestos y quemaban las cañas cortadas. Iban cortando los cañaverales periódicamente y los mantenían bajo control, pero el abandono del campo ha estado propiciando una expansión sin precedentes de la caña y han mostrado sus tendencias invasivas, convirtiéndose en un problema para la biodiversidad insular.

Los cañaverales esbeltos y densos que se cimbrean con el viento en los torrentes de Ibiza embellecen el paisaje y son un elemento característico del hábitat. Son increíblemente resistentes, algunas veces poblando incluso terrenos áridos o de albuferas de agua salada (Ses Feixes).

Chumbera (Opuntia ficus-indica) Se trata de una cactus de origen mexicano que fue introducido en Europa por los conquistadores españoles. Se puede encontrar en culaquier casa payesa a lo largo de la isla y se utilizaba como elemento natural de separación, protección contra el viento, asilvestrado retrete o como discreta escombrera.

Su crecimiento es anárquico, formando una intrincada maraña de troncos leñosos sobre los que crecen, en un orden totalmente aleatorio, unas palas aplanadas y cubiertas de numerosas espinas, de las que crece un fruto globular cubierto de agujas más finas, casi invisibles. Este fruto, llamado higo chumbo, ha sido parte importante en la nutrición insular y las palas se usaban para curar heridas. Al higo chumbo se le atribuyen propiedades medicinales, siendo hoy en día un remedio popular contra la diabetes. Además, su raíz cocida se considera un remedio contra la gastritis y los cólicos intestinales.

Encina o bellotera (Quercus ilex) – antiguamente poblaba los bosques de las Baleares; pero la deforestación de los siglos XVII a XX en Ibiza ha llevado a las encinas a ser un árbol más bien escaso. Se suelen ver cerca de las fincas rurales para el aprovechamiento de su madera, que es muy valorada por su dureza. Esta madera servía para fabricar utensilios y carros, además de elaborarse carbón vegetal. Los frutos, las bellotas, son comestibles tanto para uso humano como animal y la corteza se usaba con fines medicinales, como cicatrizante y antiinflamatorio.

Un pariente cercano en forma de arbusto, la coscoja (Quercus coccifera), se encuentra en el interior de la isla, asilvestrada cerca de torrentes y los bosques más húmedos.

La Bellotera de Can Carreró se encuentra cerca de Benirrás y mide siete metros de altura con una corona de 20 metros de ancho.

Bellotera de Ca’n Carreró en Sant Miquel. © JOAN COSTA

Granado (Punica granatum) Árbol frutal de origen asiático, introducido probablemente por los fenicios o cartagineses. Antiguamente, en las Baleares se extraía un pigmento rojizo oscuro para teñir la ropa y la corteza de las raíces servía para combatir los parásitos intestinales. Su fruto, la granada, es considerado un superalimento y un potente antioxidante, conteniendo además un gran número de vitaminas y minerales.

El granado es un árbol perfectamente adaptado al clima de Ibiza y se puede observar a los largo y ancho del territorio de forma silvestre.

Higuera (Ficus carica) – originaria de Asia Menor e introducida por los Fenicios. Una superviviente excepcional, que crece sin problemas incluso en tierras áridas pobres o muy calcáreas, gracias a unas raíces fuertes que llegan a gran profundidad para conseguir agua del subsuelo. De hecho, es recomendable plantarla en un lugar aislado del jardín, lejos de la casa, de la piscina o de cualquier construcción, ya que con el tiempo puede levantar el hormigón sin problemas.

La higuera puede crecer en el interior de la isla como en la costa. Su tendencia a crecer a baja altura también la hace ideal para resistir los fuertes vientos ocasionales del invierno. En Ibiza existen actualmente unas 20 variedades que producen higos de diferente tamaño, color y sabor.

La higuera catalogada conocida como na Blanca d’en Mestre, ubicadas en la prolongación del camí vell de la Mola, tiene más de cien años y una enorme copa, soportada por puntales de sabina, que llega a una superficie horizontal de entre 300 y 350 metros cuadrados.

Higuera catalogada na Blanca d’en Mestre, en Formentera. Foto: Pilar Arcos

Limonero (Citrus × limon) – se estima que es originario de China y llegó al Mediterráneo a través de Grecia. Igual que el níspero, en un principio se utilizaba como árbol ornamental. Es de los árboles frutales mejor adaptados al clima de la isla y necesita cuidados mínimos. Gran fuente de vitaminas y un fuerte alcalinizante anti-cancerígeno.

Níspero (Eriobotrya japonica) – Planta originaria de China y Japón, probablemente introducido por los árabes. Su adaptación es buena al medio ibicenco, pero agradece el riego en los meses de más sequía.

Ha sido más conocido como árbol ornamental, pero produce un fruto ovalado dulce y suculento, con un sabor a medio camino entre melocotón, cítrico y mango. Es un excelente diurético y colabora en la eliminación de los excesos de líquidos en el organismo.

Olivo (Olea europaea) originario del s. I a. C., introducido de nuevo por los fenicios. La aceituna ha sostenido el Mediterráneo durante milenios, proporcionando fruta, aceite y madera y un sentido de importancia histórica en sus nudosas y antiguas ramas.

El más magnífico de los árboles es un olivo antiguo conocido como n’Espanya, ubicado en San Carlos. Se cree que tiene más de 800 años y un perímetro de 10,5 metros, es uno de los olivos más longevos del país.

Palmera (Phoenix dactylifera) Original del norte de África e introducida por los pueblos púnicos (fenicios y cartagineses), donde se plantaba cerca de puntos de agua para aprovechar sus frutos comestibles, los dátiles – que son una gran fuente de minerales, por lo que ayuda a recuperar los músculos, asegura el correcto funcionamiento del sistema nervioso y refuerza huesos y dientes.

Aparte de su fruto se apreciaba por su elegancia y belleza, alcanzando una altura considerable. La palmera era además un símbolo de estatus social y se solía plantar individual o en grupos en las inmediaciones de la casa.

Llegada principal a la finca Can Mariano Prats

Pitreras (Agave americana)originarias de México e igual que las chumberas, se introdujeron a principios del siglo XVI. Es muy tolerante a la sequía, con las hojas del fondo del tallo formando una roseta para ayudar a canalizar el agua hacia su base. De sus grandes hojas de color verde azulado se extrae la fibra vegetal para elaborar el calzado histórico de Ibiza, las espardenyes.

La agave americana puede vivir hasta 100 años y sólo florecen una vez (monocarpia). La flor consiste en un tallo de entre 5 – 10 metros de altura y ramificado que contiene flores amarillas. Cuando las flores mueren, la planta muere. Afortunadamente, tienden a producir numerosos retoños antes de morir y es de fácil propagación.

Pino carrasco (Pinus halepensis) – originario de Siria, siendo hoy día el árbol más frecuente en la isla. Su madera se usaba principalmente para muebles, leña, las cortezas se exportaban para teñir cuero y la cocción de la savia producía una resina impermeable para la construcción naval y otros trabajos domésticos. Se considera una especie muy resistente al igual que agresiva y colonizadora del medio, acidificando el suelo hasta el punto que sólo unas pocas especies de arbustos y plantas pueden sobrevivir bajo sus dominios. Fue por este motivo por parte del campesino práctica común arrancar estos pinos cuando aparecían en los campos de cultivo.

Pino piñonero (Pinus pinea)a diferencia del pino carrasco, el piñonero crece de forma muy distinta y requiere más agua. Es además un árbol además del todo autóctono, siendo España todavía el país con más ejemplares del mundo. Sus apreciados frutos, los piñones, son de gran valor nutricional y contienen 2/3 de las proteinas de la carne de ternera.

El Pi ver d’en Besuró es el ejemplar más grande la isla, un piñónero de 12 metros de altura con una corona de 25 metros de ancho

Sabina (Juniperus phoenicea) – fue introducida en la antigüedad por los fenicios. Ofrece una madera extremadamente resistente que ayudó a construir las casas, pueblos y aldeas de la isla, mientras que la savia servía de resina repelente de insectos. Los árboles en sí mismos fueron cuidadosamente manejados y engatusados para crecer rectos y fuertes.

Es posiblemente el árbol más emblemático de Ibiza y en la actualidad está protegido por ser declarado patrimonio de la isla. Existe un grupo de sabinas antiguas cerca de Sa Rota en Santa Eulalia, un complejo arbóreo único que está catalogado y protegido como patrimonio histórico.

Viñas o parras – introducidas por los fenicios, pero vió la época de máximo esplendor en el s. XIX, después de que la plaga de la filoxera en Francia impulsara la demanda en Ibiza y toda España. La isla ofrecía pequeños valles rodeados de montes muy aptos para el cultivo de viña. El suelo, formado a partir de calizas, dolomitas y margas, es en su mayor parte arcilloso. Más tarde la plaga llegó también a Ibiza y consiguió abatir este esplendor, sin embargo, los habitantes nunca dejaron de cultivar el vino hasta los tiempos actuales y desde los años noventa vuelve a florecer la producción local.

La «Fiesta del vino» se celebra el mes de diciembre en la localidad de Sant Mateu, donde existe un microclima muy favorable y abundan los viñedos.

Completan la agricultura tradicional otros árboles como naranjos, albaricoques, ciruelos o parras. Los cereales se segaban en mayo. La arcillosa tierra roja es fértil siempre que tenga la suficiente humedad. Durante los veranos carentes de lluvia, la mayor parte de los campos permanecen en barbecho; sólo unos pocos agricultores se dedicaban al cultivo de hortalizas. La demanda de los habitantes de la isla se cubría mediante transportes desde la Península y las exportaciones solían ser algarrobas y sal en su mayoría.

Existen elementos característicos de la infraestructura y el riego que tuvieron gran importancia en promover un cultivo más productivo en la isla. Estas técnicas fueron introducidos en su gran mayoría por los árabes – siendo provenientes de los medios desérticos más áridos del Planeta, habían desarrollado los métodos más efectivos de extracción del agua hasta (y puede que todavía sea así). Estos elementos son los siguientes:

Bancales – se introdujeron en la época del dominio musulmán y muy comunes a los largo y ancho del paisaje montañoso de la isla. Se trata de paredes de piedra escalonadas en terrazas a lo largo de la pendiente en terrenos con declives para crear superficies horizontales, aptas para el cultivo. Se preparaban en terrenos de fuertes pendientes, de más del 30%, donde no era factible la excavación horizontal.

Aljibes – cisternas, normalmente subterráneas, que se llenan a través de la recogida del agua de lluvia. Se utilizan en aquellos lugares alejados de los ríos, donde no hay posibilidad de fuentes y pozos, o donde el agua subterránea es dura y salitrosa y no puede emplearse en el abastecimiento humano ni aminal.

Acequias – es una zanja o canal a cielo abierto construido para el regadío o abastecimiento de agua. Con especial desarrollo en la cultura árabe, estas construcciones, tienen afinidades de uso con los acueductos romanos, si bien su empleo principal es el riego de huertos, plantaciones o explotaciones agrarias, aprovechando la orografía del terreno para la distribución y conducción del agua, formando una red de ramales a partir de la acequia principal.

Pozos – pensado para aprovechar al máximo aguas subterráneas, antes de que se agotaran muchos acuíferos por la sobreexplotación y hubiera que recurrir a desalar agua del mar. Las agrupaciones y las festividades solían ocurrir alrededor de pozos y fuentes, símbolos de vida y regeneración en muchas culturas en muy diversos lugares del mundo.

Todas estas especies y construcciones son una conmemoración del pasado de una isla agrícola con suelos pobres, agua escasa y una historia de población multifacética. Siglos de invasiones y saqueos, seguidas de hambre y abandono, produjeron una cultura de resiliencia e ingenio en Ibiza.

La globalización ha facilitado el acceso a materiales e ideas a una magnitud sin precedentes, pero el patrimonio cultural de Ibiza sigue muy vivo, como un modelo de autosuficiencia y conexión con la naturaleza, que para muchos puede ser parte elemental del bienestar personal.

Referencias:

Ferrer Abarzuza, A. (1974). La casa campesina de Ibiza. Madrid: Narria. [consultado 10 de abril 2020]

Gurrea Barricate, R. y Martín Parrilla, Àngeles. Eivissa-Història-Època andalusina. EEIF (Enciclopèdia d’Eivissa i Formentera) [consultado 5 de mayo 2020]

Espinosa Noguera, J. Guia Botànica Sa Punta d’es Molí. Ajuntament de Sant Antoni de Portmany. [consultado 10 de mayo 2020]

Blakstad Design Consultants. Heritage: The singular trees of Ibiza. [consultado 1 de mayo 2020]

Convalia, C. Sanean y apuntalan la mayor higuera de centenaria de Formentera. Diario de Ibiza. [consultado 1 de mayo 2020]

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